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El colectivo, invenciòn argentina. Es un falso mito

Habìamos tratado el tema del colectivo come una invenciòn argentina en ESTE POST. Pero si analizamos detenidamente la historia, descubrimos otras versiones. La historia que nos han contado respecto al origen de este popular medio de transporte, el colectivo, ómnibus, micro, autobús o como quieran llamarlo, refería a ingeniosos taxistas porteños que, en 1928, habían agregado asientos extras a sus automóviles y brindaron servicios de líneas regulares a un precio único.

Sin embargo, la historia del transporte colectivo organizado tiene antecedentes que se remontan a casi 400 años atrás. Fue en la mañana del 18 de marzo de 1662, cuando por las calles de París un vehículo multiplaza impulsado por caballos (no existía motor alguno aún), comenzó a marcar un itinerario fijo de ida y vuelta donde los pasajeros abonaban un valor único que los llevaba al destino más conveniente del recorrido.

El creador de este concepto y emprendimiento fue el célebre matemático y pensador francés Blaise Pascal, junto a su socio el Duque de Roannez. Meses más tarde, el Consejo del Rey les otorgó autorización de establecer la circulación de carrozas públicas en la ciudad de París y alrededores. Se instalaron otras siete unidades capaces de albergar ocho pasajeros cada una. Pero poco tiempo después fallece Blaise Pascal y el servicio desaparece.

A comienzos del siglo XVII, la ciudad de Londres vio por primera vez los servicios de taxis, por supuesto de tracción a sangre, una idea que luego se promovió en toda Europa. También, en Inglaterra, surgieron vehículos multiplazas impulsadas por caballos que trasladaban pasajeros desde las zonas céntricas hasta los puertos.
En el año 1819 Jacques Lafitte, reintrodujo los servicios de transporte colectivos a tarifa fija para recorridos dentro de la ciudad de París, algo que propendió a la interconexión de trayectos urbanos.

Jean Lafitte (hermano de Jacques), copropietario de “Messageries Générale de Francia” incorporó luego una red de diligencias en el norte de Francia con rutas interurbanas que incluyeron París.
Seis años después surge el término por el que sería conocido desde entonces. Fue en 1826, cuando Stanislas Baudry comenzó a cubrir un servicio de transporte entre el centro de Nantes y las afueras donde se ofrecía baños termales.

La cabecera de línea se encontraba frente a una tienda cuyo cartel publicitaba “Omnes ómnibus”, en latín “omnis” significa “todo” y “ómnibus” es la forma dativa plural que significa “para todos”. De esta manera, “Omnes ómnibus” significaba “Omnes es para todos”. Stanislas Baudry adoptó el término “L’Omnibus” y lo escribió en los laterales de su vehículo, por lo que desde entonces se conoció al medio de transporte como “omnibus”.

En agosto de 1826, el empresario abandonó el emprendimiento de baños termales y comenzó a recorrer la ruta de Salorges – Richebourg vía Nantes con 2 ómnibus con techo cubierto y capacidad para 16 ocupantes.
En 1827, Stanislas Baudry comenzó a operar en Burdeos, pero Edmée Fouquet surgió como competidor con la “Dama Blanche” (La Señora Blanca), una empresa que en principio, sólo funcionó en Nantes.
En 1828 Stanislas Baudry consiguió socios y creó “L’Entreprise des Ómnibus”. Así, se lanzó en París con una nueva red de servicios de vehículos colectivos. En la misma época licenciaron 100 “Omnibus” en 18 rutas dentro del mismo París. Se facultó al empresario de “La Dama Blanche” (Edmée Bouquet con sus asociados) a comenzar a funcionar también en París.

Baudry y Fouquet utilizaron coches de tres caballos (modelo de constructor George Shillibeer) con tres compartimientos normales, es decir que todas las diligencias grandes en Francia tenían “coupé” en el frente, “berline” en el centro y “rotonde” en la parte posterior.
En agosto de 1828 se observó el tránsito de los primeros vehículos ómnibus de clase única con compartimiento, asientos longitudinales y entrada trasera. Dos años más tarde aparecieron en París los coches de tres caballos, alguna vez sustituidos por una versión de dos caballos para abaratar costos.

El propósito de lucro y la vida misma de Stanislas Baudry se escaparon en el crudo invierno del año 1829, donde el desmesurado aumento del forraje para equinos, la falta de recupero empresarial y la inexistencia de subvención contribuyeron a su suicidio.
No obstante, la Real Academia Española (1992) tampoco lo olvida, puesto que define al “ómnibus” (como dativo de omnis), con el sentido de: vehículo de gran capacidad, que sirve para transportar personas, generalmente dentro de las poblaciones, por un reducido precio. La misma fuente indica que este término dio origen a su vez a la palabra “autobús”, que es una abreviatura de “auto” y “ómnibus”.

También de este lado del océano, en Río de Janeiro, apareció alrededor del año 1838, el ómnibus arrastrado por caballos a iniciativa de un ciudadano francés.
Once años después, se inauguró en Buenos Aires su primer servicio urbano regular de transporte de pasajeros. Discurría entre la fábrica de carruajes La Alameda, en el centro, y la quinta que el Gobernador Rosas tenía en Palermo. Fue en 1849 y el servicio se cumplía con ómnibus a caballo.

La motorización apareció en 1831. El inglés Walter Hancock proveyó a su país del primer ómnibus motorizado. Estaba provisto de un motor de vapor y podía transportar a diez pasajeros. Fue puesto en servicio, de forma experimental, en Londres y se lo bautizó Infant. Este modo de propulsión perduró hasta 1895 al ser reemplazado por el autobús de motor de gasolina, construido por la firma alemana Benz y puesto en servicio el 18 de marzo de 1895. Podía transportar de seis a ocho pasajeros, en tanto que los dos conductores iban afuera.

Se empleó la parafina como combustible, y por ello más aceptables en uso urbano que la mayoría de las máquinas a vapor. Otra marca de la época fue la Darracq-Serpollet y “L’Obéissant”, ómnibus urbano a vapor francés de 1867.
El 14 de diciembre de 1864, en Bs. As., se realizó un ensayo de locomotora sin riel a vapor y fue llamado “El Buey” pero sin éxito ya que cuatro horas y cuarto tardó en realizar unos pocos kilómetros habiendo parado en el camino 16 veces.
En Nueva York circuló el primer servicio de colectivo en 1830, recorriendo la Av. Broadway que va desde el sur de Manhattan hasta Harlem.
Dos años después hace una leve aparición un sistema que pronto compartiría las calles por un siglo hasta casi desaparecer: el tranvía.

Se inauguró en Nueva York el tranvía arrastrado por caballos. Sin embargo, el sistema demoró casi 20 años para ser masivamente utilizado.
En Europa existió cierta resistencia, desde el punto de vista legislativo, para concebir el transporte público urbano sobre rieles dispuestos en las calles. No obstante, en el año 1855 el tranvía llegó a París y 5 años más tarde circuló por las calles londinenses hasta el 30 de abril de 1915 (último tranvía impulsado por caballos).

Tranvía vs. Ómnibus fue una disputa de la época que pese a tener ambos tracción a sangre (caballos), siempre benefició en definitiva al tranvía. Los caballos hacían menor esfuerzo para arrastrar a veces más kilos y frenaban con mayor efectividad sobre rieles que sobe la calle. Las empresas de tranvías siempre ofrecieron tarifas más accesibles que sus pares de ómnibus.
Donde no llegó el tranvía, si lo hizo el ómnibus, por ello compartió trabajo aun con el tranvía eléctrico, esencialmente porque circuló en zonas donde la densidad del tránsito fue relativamente baja y no justificó la inversión en las instalaciones fijas que necesitaba un sistema tranviario electrificado.

En Londres, para el año 1901 la tracción a sangre no pudo competir con la fuerza mecánica. A manera de ejemplo, la London Tramways necesitaba de 1.200 caballos en diferentes turnos para arrastrar 139 vehículos.
Aun así, la tracción a vapor logró sobrevivir en casos específicos por algunos años más, en Londres había tranvías movidos por aire comprimido, con locomotoras a vapor, eléctricamente a batería, a gas de carbón, con motor a petróleo, a máquina de vapor estacionaria y, por supuesto, a tracción animal. Sin embargo, a fines de ese decenio, se comprobó la factibilidad técnica de la tracción eléctrica, que llegó a dominar el escenario de los tranvías.

Con fuerza del vapor en el año 1873 se inauguró en San Francisco el tranvía tirado por un cable con accionamiento por máquina de vapor estacionaria.
Un norteamericano, el ingeniero Charles Bright, introdujo el tranvía eléctrico en Buenos Aires el 22 de Abril 1897 (hubo un ensayo aislado en La Plata, en 1892).
La génesis del trolebús (colectivo eléctrico alimentado de una red de cables aéreos) fue el 29 de abril de año 1882, cuando Ernst Werner von Siemens hizo rodar su “Elektromote” en un suburbio de Berlín, que funcionó hasta el 13 de junio de mismo año.
Fue Max Schiemann quién lo lanzó el 10 de julio del año 1901 como línea de transporte público urbano en Bielathal (Alemania).

El desarrollo empresario de este medio de transporte urbano, le corresponde a Francia y Estados Unidos. En el año 1901 la primera línea el trolebús operó en la bellísima ciudad de Lyon (Francia). El pasaje del trolebús, despertó la atención de los ciudadanos que por primera vez apreciaron el poco ruido y la comodidad de no transitar sobre rieles.
Además, se convirtió en una posibilidad al alcance de las empresas tranviarias tradicionales que ya sin los rieles mediante, podían extender sus recorridos más fácilmente.

La Brooklyn-Manhattan Transit Corporation (BMT) de Nueva York, concibió el concepto “all-four”, el uso de autobuses, trolebuses, tranvías y metros como un sistema integrado y morigerado entre medios de desplazamientos lentos y rápidos, todo en franca búsqueda de un equilibrio en los tiempos y horarios.
Hasta aquí, el ómnibus, colectivo o autobús (según la región) había evolucionado desde la tracción a caballos, pasando por el vapor y la electricidad.
En 1895 la compañía Benz fabrica el primer ómnibus con motor de combustión interna y cinco años más tarde, los hermanos Mack (EEUU) producen el primer colectivo de gasolina en América.
A partir de entonces se multiplican los ensayos de vehículos colectivos de gasolina, incluyendo fabricantes como Renault y Fiat. En 1904, en la creciente y desorganizada ciudad de Los Angeles, automóviles taxis y camionetas eran modificados para convertirlos en colectivos urbanos (24 años antes que en Bs. As.).

En noviembre de 1903 un ómnibus motorizado circuló en la Avenida de Mayo. Era abierto tipo jardinera y tenían un motor a nafta que movía un generador alimentando el motor eléctrico que impulsaba al vehículo. Pero no rendía lo esperado y ensuciaban mucho el pavimento. La experiencia fracasó.
Otros colectivos de origen ingles del Ferro Carril central Argentino (Hoy Mitre) vincularon distintas estaciones entre sí. En 1922 se inauguró la línea A del Auto-Omnibus Metropolitano (con un Ford T carrozado), propiedad de Sandalio Salas, que unía Plaza Constitución con Retiro, pasando como era habitual entonces, por Plaza de Mayo.
Tenían una puerta de ascenso y descenso por la parte trasera, y los pasajeros viajaban en asientos longitudinales, de espaladas a las ventanillas. Estaban atendidos por un conductor y un guarda (este solía ser un chico con un uniforme que lo hacia parecer a un boy scout). Con toques de silbato le indicaba al chofer cuando podía arrancar.

La buena rentabilidad dio paso a otros pedidos de concesiones, y en solo cinco años la actividad se habría convertido en un negocio de tal magnitud que motivó a algunas compañías tranviarias a abarcar este nuevo rubro.
En 1925 se traen ómnibus Schneider-Scemia de Francia para la Cía. General de Omnibus (Buenos Aires). En París fue el modelo clásico durante décadas. Aunque era moderno, aún el puesto de conductor está prácticamente a la intemperie.
En 1926 la Cía. Italo Argentina trae el Vomag alemán imperial de dos pisos y para 56 pasajeros. En estos años surgen empresas tanto en Buenos Aires, como en Bahía Blanca, Mendoza, San Isidro, Salta, etc.

El colectivo de configuración actual: puerta delantera, pasillo en el centro y asientos a los laterales mirando al frente lo diseñó, en 1927, Albert Luce, dueño de las distribuidoras Ford en Fort Valley y Perry, Georgia (EEUU), cuando uno de sus clientes solicitó un vehículo para llevar trabajadores hacia una planta de cemento. Luce le vendió uno de carrocería de madera, pero esta se deterioró antes de que el cliente terminara de pagar.

Luce construyó entonces una carrocería de acero (la primera) y montó en un chasís del Ford Modelo T 1927. El autobús fue vendido a Frank Slade de Marshaville, Georgia, para ser utilizado como transporte escolar, siendo su diseño un estándar en la industria hasta la actualidad. Luego fundó la compañía Blue Bird que produce la mayoría de los amarillos autobuses escolares de EUA.
Llega 1928, año en el que algunos entusiastas argentinos dicen haberse inventado el colectivo, basándose en aquellos taxistas porteños que por cuestiones económicas modificaron sus automóviles para convertirlos en ómnibus, y pasaron a realizar itinerarios fijos a 5, 10 o 20 centavos.

Aquí lo contradictorio puesto que los supuestos inventores competían con empresas que ya brindaban el mismo servicio con la única diferencia en el tamaño de los vehículos, pero todos eran transportes colectivos, y la experiencia de modificar automóviles para este fin tampoco era novedad. Además el concepto lo había inventado Blase Pascal en 1662, en París.
Entonces ¿Cuál fue el invento argentino?

Algunos defienden la idea de que el autobús o colectivo hace referencia al transporte urbano, mientras que el autocar u ómnibus lo hace al interurbano, pero estas son interpretaciones ya que no son uniformes y varían según la región. Colectivo es una denominación empleada en Argentina, Bolivia, Colombia y Paraguay, tal como en Venezuela se lo llama autobusete, buseta, carrito, microbús, camioneta, camionetica, ruta; en Panamá: bus, chiva, diablo rojo; en México: camión, micro, pesero, chato; en España: autobús, bus, autocar, guagua (Islas Canarias), camioneta, micro; en Cuba: guagua, ómnibus; en Costa Rica: bus, autobús, microbús, buseta, chivilla, cazadora; en Bolivia: flota, autocar, colectivo, góndola, micro, coaster, cóndor, taxi trufi, vecinales; En Ecuador: bus, buseta. Etc.

Otra forma de diferenciación semántica, según algunos, va de acuerdo al tamaño y capacidad del vehículo, considerando ómnibus a los de mayor dimensión.
Pero esto es erróneo porque el ómnibus nació tirado por caballos en Francia, evolucionó en distintos tamaños, diseños, configuraciones, formas de tracción y se lo aplicó en servicios urbanos, suburbanos e interurbanos. Inclusive su significado ante la Real Academia Española es de “vehículo de transporte colectivo para trasladar personas”.

Otros entusiastas dicen que el primer colectivo nació en Luján en el año 1922 donde transportó a los peregrinos desde la Estación Basílica hasta el Santuario. Este colectivo tenía una inscripción que lo identificaba como “Servicio de Ómnibus”, es decir, el servicio colectivo u ómnibus ya era considerado lo mismo.
A las claras, la historia nos hace saber que ese supuesto “gran invento argentino”: el colectivo, no es más que un mito, pues no pudimos haber inventado lo que ya estaba inventado.

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